jueves, 28 de agosto de 2014

Gato encerrado


Hace tiempo no me sucedía
esto de sentirme como un gato encerrado.

Hay una desesperación,
una especie de jaula invisible,
un desazón ante nada
o ante todo.

Mi felicidad mañanera se ha dormido.
Y mi desazón nocturna
se ha levantado.

Mi corazón late fuerte y lentamente.
Una paradoja.
Lo siento golpear mi pecho
sin apurarse.
Como si disfrutara  torturarme.
O tal vez yo gozo con su desesperante
golpeteo.

¿Quién es?
No hay puerta ni ventana.
Alguien toca
o tal vez...
alguien quiere huir.

Si.
El gato.
Mi alma traviesa buscando aventuras.
Pero no hay puerta ni ventanas.
¿Cómo no me había dado cuenta?
Tampoco hay paredes ni techo.
Soy libre.
Nada me ata.
Entonces...
¿Por qué no salgo?
¿De dónde he de salir
si ni siquiera he entrado?

Es extraño.
Mi corazón ha empezado a latir suavemente.
Qué gato idiota.
Nunca estuvo encerrado.
Respiro.
Todo está bien.
Bienvenida la locura.


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